Por si fuese poco, nuestras "profes" se volvieron locas (¡UNA VEZ MÁS!) y nos llenaron la sala de objetos de madera, papel y metal.
Así pudimos trabajar el oído (escuchando los distintos sonidos que hacía cada objeto)
La vista (al ver como el papel caía desde el techo)
El tacto (al tocar el frío del metal, la aspereza de la madera o la suavidad del papel)
Nos encantó poder salir un poco de la rutina y jugar con objetos distintos.
¡QUÉ BIEN LO PASAMOS EN NUESTRA CASA DE NIÑOS!



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